A primera vista, este cartel parece un acertijo. Un número. Una frase. Sin explicación. Sin contexto.
„113136 – Tal vez no haya un después.“
Justo en esta irritación muda comienza el poder real de la obra. Porque el número no es una cifra abstracta. Es el número de registro de una persona. El número de un superviviente del gueto de Varsovia y del campo de concentración de Buchenwald. Un número que una vez figuró donde se suponía que debía borrarse un nombre.
La frase de abajo — „Quizás no exista un mañana“ — adquiere así una fuerza existencial. No es pesimista. Es radicalmente presente. Porque las personas que vivieron en guetos y campos de concentración no sabían si habría un mañana. Para ellas, „mañana“ no era una promesa, sino una frágil posibilidad.
La obra invita a la reflexión. Los espectadores empiezan a preguntarse: ¿Qué significa este número? ¿Quién fue esta persona? Y es ahí donde el recuerdo cobra vida. No como una explicación histórica, sino como una experiencia emocional.
Lo que pocos saben: 113136 es el número de prisionero de Benjamin Goldman, el padre de Ardi. Un sobreviviente del gueto de Varsovia y del campo de concentración de Buchenwald. Sobrevivió a lo insobrevivible. Le enseñó a su hijo a no tener miedo de nada. Y murió en 1967 en un accidente automovilístico, cuando Ardi tenía cinco años.
Ardi Goldman sobrevivió gravemente herido. Probabilidades de supervivencia: cinco por ciento.
Décadas después, sacó a relucir el número de su padre, sopesando cómo podría encontrar un lugar en el terreno. Junto con Benjamin Knabe, surgió la idea de representarlo en la forma de un antiguo letrero de campo de concentración. El artista Michael Dreher lo llevó a cabo.
Quizás no hay un después. Pero a veces hay un a pesar de todo.