En la pared de ladrillos del recinto de la Unión hay una placa de aluminio fundido, creada por Eberhard F. Gutberlet en 2024. Lleva las palabras de Rose Ausländer, una poeta cuya vida estuvo marcada por los abismos más profundos del siglo XX. Su llamado „No olviden, amigos, viajamos juntos“ es un recordatorio atemporal de que, a pesar de todas las divisiones, somos responsables unos de otros en esta única e indivisible Tierra.
El tablero cuelga sobre la obra de Friedhelm Welge, „Partir hacia otros mundos“. La escultura representa a Egidio, el único de los catorce santos auxiliadores que pudo completar una vida plena y murió pacíficamente; es el que sobrevivió. Aquí surge un paralelismo estremecedor pero esperanzador con Rose Ausländer. Como Egidio, ella también es una superviviente, alguien que ha regresado de la oscuridad para guiarnos. Mientras que la figura de Egidio simboliza la protección y la introspección silenciosa en su forma capsular, el poema de Ausländer rompe esta envoltura: recuerda al superviviente que su viaje no termina en el aislamiento, sino en la comunidad con todos aquellos que aún están en camino.
Esta interacción forma parte de un sendero literario más amplio en el recinto. A poca distancia se encuentra la placa de Paul Celan, a quien Rose Ausländer conoció una vez en el gueto de Czernowitz. Que ambos textos hayan encontrado ahora su lugar aquí, correspondiendo cada uno a una escultura de Welge, teje una red invisible de historia y actitud. Es una invitación a comprender el don de la supervivencia como una misión, para un viaje compartido en esta tierra indivisa.