Al borde del camino, bajo el dosel protector de un árbol de ginkgo, se alza una esbelta estela de acero Corten. No se impone; espera como una compañera silenciosa a aquellos que están dispuestos a mirar más allá de la forma visible de las cosas. Sobre ella descansa la placa de bronce de Eberhard F. Gutberlet, que parece un libro abierto de historia natural, capturando la intrincada estructura de la hoja de ginkgo para la eternidad.
Justo al lado de la hoja, los versos del „Diván de Oriente y Occidente“ de Goethe están profundamente inscritos en el bronce. Es esta proximidad inmediata entre la forma natural y la lírica lo que hace que la placa sea tan vívida. Los versos de Goethe giran en torno a la pregunta existencial sobre la unidad en la dualidad: ¿es un ser que se ha separado de sí mismo, o son dos los que reconocemos como uno? El poema no ofrece una respuesta definitiva, sino que describe una tensión que se hace palpable en el firme anclaje de la estela y el juego de luces y sombras sobre el metal.
La obra de Gutberlet en una placa de 25 x 32 cm prescinde de cualquier escenificación. La pátina terrosa del bronce y el cálido tono oxidado del acero corten forman una simbiosis con la luz cambiante que se filtra entre las ramas. Quien se detiene aquí, se encuentra con un punto de anclaje poético que nos invita a no resolver apresuradamente los opuestos, sino a comprender el ser „uno y doble“ como parte necesaria de un todo mayor.