En medio del bullicio cotidiano, el Union-Gelände ofrece un instante de absoluta ligereza. La placa de mariposas de Eberhard F. Gutberlet, fundida en aluminio, inmortaliza las palabras atemporales del músico Carlo Karges. Es un texto que nos recuerda que los mayores descubrimientos comienzan donde dejamos nuestros patrones de pensamiento habituales y olvidamos nuestra infancia.
Quien se detiene ante el tablero, lee una instrucción para asombrarse: „Quien oye reír a las mariposas, sabe a qué saben las nubes, descubrirá la noche a la luz de la luna sin la inquietud del miedo“.“
Estos versos son más que poesía: son un alegato al poder de la imaginación y a la superación del miedo a lo desconocido. Se trata de despojarse del temor propio, estirarse y sentir costas ajenas en uno mismo. La pizarra invita a convertirse por un momento en „loco“, a usar la inteligencia del corazón y a viajar con el pensamiento por todo el universo.
En este lugar, la tabla de las mariposas se convierte en una llamada de atención a la libertad. Justo encima de ella cuelga la obra de arte „Mariposa pública“, una mariposa que aún yace encadenada. Es la personificación de la ligereza encadenada, esperando ser liberada por el poder del pensamiento. Carlo Karges del grupo Novalis (la banda, no el poeta del Romanticismo) nos marca el camino: solo aquellos que recuerdan cómo saben las nubes y cómo ríen las mariposas, encuentran la fuerza interior para romper por fin estas cadenas de la costumbre.