Quien entra en el Union-Gelände por la Hanauer Landstraße se encuentra con una construcción que desafía con encanto cualquier idea de una simple caseta de control. No es un contenedor intercambiable ni un edificio funcional y estéril salido del estudio de diseño. En su lugar, aquí se alza un pequeño monolito torcido de acero Corten. Una pieza escultórica aislada, que deliberadamente se rebela contra los ángulos rectos y estrictos del entorno.
Los arquitectos Alexandra Geiseler y Bernd Gergull han creado aquí una pieza verdaderamente única que solo revela todo su potencial a segunda vista. La fachada de acero Corten es un material vivo: en los primeros meses tras su instalación, formó por sí sola una capa protectora de óxido que hoy permite que el edificio brille en un tono tierra cálido y profundo. Especialmente cuando el sol bajo incide sobre la piel metálica, la casita se transforma en un brillante punto de anclaje de color naranja entre los históricos muros de ladrillo.
Lo especial de esta „puerta oxidada“ es su indestructibilidad. El material no simplemente envejece, madura. El clima aquí no es un enemigo, sino un modelador que hace que la superficie sea más bella y le dé más carácter cada año. A pesar de su forma torcida, casi desafiante, el interior ofrece una sorprendente sensación de seguridad. Es una casa „real“ en el espacio más pequeño, que ofrece protección a sus habitantes y señala a los visitantes: aquí comienza un lugar donde la individualidad y el capricho son bienvenidos.
En este punto, la arquitectura se convierte en una postura. El pabellón de portería es un pequeño guardián que nos enseña que no siempre hay que estar perfectamente recto para mostrar una presencia fuerte. Una recepción torcida que encaja perfectamente con el alma de la Unión: cruda, honesta y absolutamente inconfundible.